El primer criterio es uso real. No todas las piezas se leen a la misma distancia ni enfrentan las mismas condiciones. Un backing para fotos, una lona de fachada, un tótem interno, un vinilo decorativo o señalética de recorrido exigen materiales, acabados y montaje diferentes.
El segundo criterio es la instalación. Una pieza puede verse bien impresa, pero fallar por tensión incorrecta, ausencia de retorno, malos ojales, mala estructura o un archivo que no fue preparado para el tamaño real. Cuando eso pasa, el problema no es solo visual: también se vuelve operativo.